DIDASKALOS

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miércoles, 4 de abril de 2018

Los héroes felices

Vea Kaiser es una joven escritora austriaca que ha cosechado notable éxito con sus dos primeras novelas. Los héroes felices es la más reciente y ha sido publicada en español por Alianza de Novelas. Su título original en alemán es Makarionissi oder Die Insel der Seligen, que se podría traducir por Makarionissi o la isla de los bienaventurados.


Los héroes felices es la historia de una familia griega a lo largo de cinco generaciones, y transcurre en paralelo a los principales acontecimientos que han sacudido Grecia desde mediados del siglo XX hasta nuestros días: la ocupación alemana y la guerra civil, la dictadura de los coroneles y el exilio político, la emigración económica, el desarrollo turístico y la crisis financiera actual. Pero no se trata de una novela histórica, ni de una crónica de la sociedad griega en el último siglo, sino de una novela de personajes, de una novela coral. En el centro de la trama se sitúan Eleni y Lefti, dos primos cuyo matrimonio ha sido prefijado desde la cuna por su abuela para salvaguardar la pervivencia de la familia. Sin embargo, estos planes iniciales se revelarán difíciles de cumplir en un mundo cambiante, teniendo en cuenta además el carácter y las circunstancias de los dos protagonistas.
La historia se va construyendo a partir de episodios más o menos extensos entre los que se intercalan largas elipsis temporales. Por lo general los cambios bruscos en la línea argumental vienen determinados por los encuentros y desencuentros sentimentales de los personajes, que provocan en ocasiones reacciones un tanto melodramáticas. En este sentido la novela está próxima a lo que se suele llamar drama romántico, encasillado habitualmente bajo la etiqueta poco afortunada de literatura de mujeres.

Vea Kaiser

Al igual que los personajes, los escenarios de la novela son también muy variados: Hildesheim, una pequeña ciudad industrial alemana, Chicago, Zurich o Sankt Pölten, ciudad natal de la autora en Austria. Pero los polos en torno a los que gira la novela son dos lugares de ficción: Varitsi, un remoto pueblo de montaña griego, cercano a la frontera con Albania, y Makarionissi, una isla con forma de escarabajo volador en el Jónico, que se convertirá en el hogar de buena parte de la familia.
La novela está dividida en nueve cantos, como si de una obra épica se tratara. Aunque son frecuentes las referencias a las viejas leyendas del pasado griego, con las que la matriarca de la familia gustaba de entretener a sus nietos, la vida de los protagonistas no tiene aparentemente mucho de heroico. Y es que la autora se siente más atraída por otro tipo de heroísmo. En lugar de centrarse en esos héroes que jamás mostraban debilidad alguna, no se rendían nunca y se mantenían fuertes hasta el último aliento, prefiere contarnos la historia del héroe que asume las circunstancias, comprende sus errores antes de que sea demasiado tarde y muestra debilidad para ayudar a sanar las heridas de otros.
Los héroes felices es pura literatura de entretenimiento sin mayores pretensiones, una novela con los ingredientes necesarios para mantener enganchado al lector durante más de 400 páginas, una lectura ideal, en suma, para unas vacaciones como las que acaban de pasar.


Videopresentación de El Librero MX

domingo, 18 de marzo de 2018

Tras las huellas de Heródoto

Hay viajes largamente anhelados, muchas veces pospuestos, que se convierten casi en una obsesión. Un libro suele estar en el origen de esos viajes. Un libro cuyo argumento, autor o protagonista nos causa una profunda impresión. Un libro al que volvemos periódicamente, que nos sugiere nuevas lecturas y despierta nuestro deseo de recorrer los lugares en los que está ambientado, o en los que se ha gestado. Cuando el viaje por fin se hace realidad no suele defraudar, porque el viaje empezó hace ya tiempo, porque los lugares visitados nos resultan ya familiares, porque nuestra mirada se ha ensanchado con las lecturas previas y lo que vemos nos depara una emoción intensa. Uno de esos viajes es el que nos narra Antonio Penadés (Valencia, 1970) en Tras las huellas de Heródoto, publicado por la editorial Almuzara en su colección Sotavento.


Según cuenta en la introducción Antonio Penadés descubrió a Heródoto de manera casual, cuando con 17 años preparaba los exámenes de Selectividad en una biblioteca pública. Para relajarse se puso a hojear un gastado ejemplar de la Historia de Heródoto que encontró en la sección de fuentes antiguas.
El viejo tomo me hizo olvidar durante un par de horas el examen de Filosofía del día siguiente y me provocó una reflexión acerca del autor de esa magna obra. Aquel griego del siglo V a.C. me atrapó sin darme cuenta, acaso porque había algo especial en su tono, en su modo de narrar sus vivencias y de describir lo que otros le habían contado, cuidando siempre al máximo la anécdota y el detalle, que me convenció de hallarme ante un hombre honesto ocupado en desentrañar la verdad y, por tanto, capaz de profundizar con todos sus matices en el alma humana.
Llegado el verano el autor tuvo tiempo para ampliar sus lecturas y fue entonces cuando surgió la idea de viajar a los lugares que Heródoto describe en su Historia. Pero el proyecto no se materializaría hasta años después, cumplidos ya los 40. El recorrido se inicia en Halicarnaso, la actual Bodrum, ciudad natal de Heródoto y va ascendiendo por la costa occidental de Asia Menor, deteniéndose en las prósperas ciudades de la antigua Jonia: Mileto, Priene, Éfeso, Focea. Incluye un salto a la isla griega de Samos e incursiones al interior de Anatolia para visitar enclaves como Afrodisias, Hierápolis y Sardes. El viaje termina en Estambul, después de pasar por Pérgamo, Troya y la región de los Dardanelos.

Vista de Bodrum, la antigua Halicarnaso

Como dice Gisbert Haefs en el prólogo del libro, Heródoto es mucho más que el padre de los historiógrafos, es el padrino de todos los narradores. Podríamos añadir que es también el antecesor de los reporteros, cronistas de viajes o autores de novela histórica. Por mucho que se le haya reprochado a Heródoto su credulidad y falta de rigor metodológico, desde las primeras páginas de su obra cautiva al lector revelándose como un espléndido contador de historias. Se nos muestra además entre líneas como un personaje cercano por su curiosidad, su mentalidad abierta, su modestia y honestidad. No es de extrañar que haya servido de guía e inspiración a un periodista como Ryszard Kapuściński, que le rindió tributo en su libro Viajes con Heródoto, y ahora a Antonio Penadés, que destaca dos virtudes fundamentales del autor de Halicarnaso.
Cuando profundicé en la obra de Heródoto me fascinaron, sobre todo, dos facetas suyas: su afán por acumular conocimientos y su respeto por el otro. Me impresionó esa curiosidad que profesaba hacia las distintas sociedades, pueblos y tribus diseminadas por Europa, Asia y África, ya fueran sus costumbres, sus sistemas políticos, los accidentes orográficos, su historia, las técnicas medicinales, sus leyendas y ritos religiosos, los vestidos, el clima... Parecía interesarle absolutamente todo.
Mas sorprendente aún es su respeto por el otro, un aspecto íntimamente aparejado a la sabiduría. Heródoto muestra en todo momento una exquisita consideración hacia los pueblos que describe en su obra, lo que constituye un hecho inédito, algo desconocido para sus coetáneos. Ni siquiera en época clásica tardía o helenística surgió un solo autor que llegara a adoptar tan valerosa y noble actitud.


Antonio Penadés nos ofrece en este libro un recorrido histórico-literario por las tierras de Asia Menor, donde cristalizaron algunos de los logros más destacados del espíritu griego. La visita a las ruinas de las antiguas ciudades da pie a extensas digresiones sobre los personajes que allí vivieron y los hechos que allí acontecieron. Es una fórmula que recuerda a otra crónica de viajes sobre Grecia, Corazón de Ulises de Javier Reverte. El de Penadés es un viaje solitario y personal, y en su libro consigue transmitir muy bien la emoción que sintió al encontrarse en determinados lugares. Como en Sardes, donde, sobreponiéndose al vértigo, se encarama a lo más alto de la ciudadela para divisar el valle del Pactolo y evocar las sensaciones que debió experimentar Jerjes al contemplar su enorme ejército dispuesto para conquistar Grecia. O en la península de Micale, cuando, tras perderse por carreteras y caminos secundarios, encuentra los modestos restos, apenas unas gradas ocultas entre matojos, del santuario de Panionion, lugar de reunión de la antigua confederación de ciudades jonias. El autor nos descubre además deliciosos enclaves de la costa de Anatolia, como Focea o Asos, en los que el tiempo transcurre lento y apacible, ajeno al peso de la historia.

Puerto de Focea

Teatro de Asos

Donde el libro flojea un poco es en relato de los avatares del viaje. Se echan en falta esas anécdotas, encuentros y conversaciones jugosas que sirven para caracterizar el espíritu de un lugar y aportan un encanto especial a las buenas crónicas de viajes. Probablemente por las dificultades de comunicación, porque el viajero se halla ensimismado en la evocación del pasado, o porque se visitan muchos lugares en poco tiempo, la realidad de la Turquía actual aparece como un marco pintoresco al que se hace referencia tan sólo de manera ocasional. El encuentro casual en Estambul, al final del viaje, con un turco que ha residido varios años en España le ofrecerá al autor la posibilidad de profundizar algo más en la Turquía contemporánea. En cualquier caso, lo que no se le puede negar a Antonio Penadés son sus cualidades como divulgador y su profundo amor por Grecia, a la que se ha aproximado desde el ensayo, los artículos periodísticos, la novela histórica (El hombre de Esparta) y ahora desde esta sugerente crónica de viajes.

Antonio Penadés

jueves, 1 de marzo de 2018

PLINIVS, otro manga ambientado en la antigua Roma

A principios del verano pasado comentamos Thermæ Romæ, una exitosa serie de manga que plantea un divertido viaje de ida y vuelta entre la Roma del siglo II de nuestra era y el Japón actual. Prometíamos entonces ocuparnos tras las vacaciones de otro proyecto más ambicioso de la misma autora, Mari Yamazaki, en colaboración con Tori Miki. Hoy, con un poco de retraso, cumplimos nuestra promesa.


Gayo Plinio Segundo, conocido como Plinio el Viejo, es uno de los personajes más admirables que nos ha legado la antigua Roma. Su curiosidad insaciable y su afán de conocimiento dieron como fruto la Naturalis Historia, una obra enciclopédica que recopilaba los saberes de la época sobre la fauna, la flora y los minerales, junto con informaciones y anécdotas diversas recogidas en sus viajes y lecturas. No son demasiados los detalles que se conocen sobre su biografía. Estuvo destinado en Germania, fue letrado durante el imperio de Nerón y obtuvo diversos cargos y reconocimientos durante los mandatos de Vespasiano y Tito. La ausencia de noticias acerca de su vida privada y sobre varios años de su actividad pública deja un amplio margen para la ficción, que los autores del cómic aprovechan para construir el personaje protagonista de PLINIVS.


La historia arranca en el 79 d.C., en plena erupción del Vesubio. Un Plinio ya maduro, almirante de la flota estacionada en Miseno, se encuentra en casa de su amigo Pomponiano. Contempla con curiosidad la erupción, toma un baño y cena tranquilamente, pero no muestra prisa ni inquietud alguna por huir a un lugar seguro, para desesperación de los que le rodean.



Eukles, un escribiente que lleva varios años a su servicio, empieza a recordar las circunstancias en las que conoció a Plinio. Con 18 años acababa de perder su casa y su familia como consecuencia de la erupción de otro volcán, el Etna, que asoló su ciudad natal en Sicilia. Plinio, por entonces gobernador provisional de la isla, lo encuentra rebuscando entre las cenizas.



A partir de entonces Eukles acompaña a Plinio en su recorrido por Sicilia anotando sus observaciones y comentarios. Mientras tanto en Roma el voluble y caprichoso emperador Nerón manda llamar a Plinio para que acuda a uno de sus recitales. Se inicia aquí una segunda línea argumental del cómic, cuyo protagonista es el propio Nerón y su progresiva degradación moral.

 

A regañadientes Plinio se ve obligado a volver a Roma ante el requerimiento del emperador, pero lo hará sin prisas, recorriendo con calma las tierras de la Magna Grecia. El pequeño grupo formado por Plinio, Eukles y Félix, un veterano soldado que hace las veces de guardaespaldas, llega finalmente a Roma. El joven escribiente, que nunca había salido de su isla, se muestra fascinado por la capital del Imperio.


Aquí, en Roma, la historia de Plinio y la de Nerón se entrecruzan, igual que ocurría en Thermæ Romæ con la del ingeniero Lucius Modestus y la del emperador Adriano.


El segundo volumen se desarrolla íntegramente en Roma, donde Eukles descubre la peculiar casa de Plinio en el Trastévere, repleta de libros y muestras de animales y plantas.



El Trastévere no es precisamente uno de los barrios más elegantes de la ciudad y Eukles conocerá también el lado más oscuro de la Urbe, con sus tabernas, burdeles y maleantes. Este será el marco de su encuentro con Plautina, una enigmática joven procedente de Britania.


La historia avanza alternando la vida de la Roma más humilde con las intrigas palaciegas. La ambiciosa Popea intenta influir en el ánimo de Nerón, aprovechando que Séneca ha perdido su ascendiente sobre el emperador. Plinio se siente agobiado en la ciudad, donde además se agrava su afección de asma, así que empieza a planear un nuevo viaje a Campania. Antes de partir recibe la visita de su hermana, procedente de Como, su ciudad natal. Viene a presentarle a su pequeño sobrino, Gayo Plinio, que será conocido por la posteridad como Plinio el Joven y dejará por escrito una detallada descripción de la erupción del Vesubio con la que arranca el cómic.



 

Terminados los preparativos Plinio sale de la ciudad por la vía Apia y se dirige al sur. Visitará los alrededores del Vesubio y las ciudades de Herculano y Pompeya. Estando en esta última le sorprende un terremoto con el que termina el tercer volumen, el último publicado hasta la fecha en español.




La editorial tarraconense Ponent Mon ha publicado los tres primeros tomos de la serie en una muy cuidada edición, tanto en el aspecto gráfico como en la traducción. El único desliz grave es la transcripción como Catia de la ciudad siciliana de Catania, aunque no sabemos si el error es atribuible a la versión española o al original japonés.




Al final de algunos episodios de la obra se incluyen hasta cinco interesantes conversaciones entre los dos autores, Mari Yamazaki y Tori Miki. En ellas se comenta el plan inicial de la serie y la evolución del proceso creativo. En un principio la labor de Tori Miki se centraba en dibujar los fondos de las viñetas, prestando especial atención a los paisajes y a la reconstrucción de la arquitectura romana, mientras que Mari Yamazaki se ocupaba de los personajes. En este sentido el cómic nos ofrece minuciosas recreaciones de monumentos y ciudades antiguas y deliciosas escenas sobre la vida cotidiana en el mundo romano.









A medida que avanza la obra la colaboración se va haciendo más estrecha, de manera que cada uno de los dos autores interviene cada vez más en la parcela asignada inicialmente al otro. El resultado final es un cómic de muy alta calidad, en el que destaca la cuidada elaboración de las viñetas y la variedad de planos y enfoques. Especialmente llamativo es uno de los episodios, planteado desde la perspectiva de Gaia, la gata de Plinio.



La exhaustiva labor de documentación revela, por otro lado, la pasión que sienten los autores por la antigua Roma. Si a todo ello añadimos una variada galería de personajes, ricos en matices y convincentes, y una historia bien construida se consigue una obra redonda, que atrapa la atención del lector desde las primeras páginas. Confiamos en que no haya que esperar mucho para disfrutar en español de las próximas entregas de la serie.



domingo, 25 de febrero de 2018

lunes, 22 de enero de 2018

Orestes de Yannis Ritsos

Desde el año 2007 la editorial Acantilado viene publicando, en edición bilingüe y con traducción de Selma Ancira, una serie de monólogos dramáticos compuestos por Yannis Ritsos (1909-1990), uno de los grandes poetas griegos del siglo XX. Orestes es el último título publicado. De alguno de los anteriores (La casa muerta, Crisótemis e Ismene) hemos hablado ya en ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ. En estos textos Ritsos vuelve sobre las leyendas que inspiraron la antigua tragedia griega para hacer hablar de nuevo a sus personajes, mezclando deliberadamente presente y pasado, subrayando así la vigencia atemporal del mito. El poeta parece sentir una fascinación especial por la trágica historia de Agamenón y su familia, a la que dedica tres de estos soliloquios: La casa muerta, Crisótemis y Orestes, la obra que hoy comentamos.


Antes del monólogo propiamente dicho una acotación inicial sitúa la acción. Estamos en Micenas, los turistas se han marchado y empieza a anochecer. Dos jóvenes que regresan del exilio, desde otra tierra y otro tiempo, se acercan a sus murallas.
Es verano. Cae la noche. Los coches y los grandes autocares ya se han ido. El lugar respira sumido en la calma, -honda la respiración de las bocas de las antiguas tumbas y de los recuerdos. Un trozo de periódico se balancea sobre la hierba quemada, impulsado por un soplo indefinido. Se oyen los pasos del vigilante nocturno y la llave grande que cierra la puerta intermedia de la torre.
Καλοκαίρι πιά. Νυχτώνει. Τά ἰδιωτικὰ αὐτοκίνητα καὶ τὰ μεγάλα ἐκδρομικὰ λεωφορεῖα ἔχουν φύγει. Ὁ χῶρος ἀνασαίνει μὲς στὴν ἡσυχία, - μία βαθειά ἀναπνοὴ ἀπ᾿ τὰ στόματα τῶν ἀρχαίων τάφων καὶ τῶν ἀναμνήσεων. Ἕνα κομμάτι ἐφημερίδα σάλεψε στὰ καμένα χόρτα, φυσημένο ἀπὸ ἀόριστη πνοή. Ἀκούγεται τὸ βῆμα τοῦ νυχτοφύλακα καὶ τὸ μεγάλο κλειδὶ ποὺ κλειδώνει τὴ μέσα πόρτα τοῦ πύργου.
De repente, en medio de la plácida noche, empieza a oírse desde el interior de la ciudad el llanto de una mujer, agudo, penetrante, desafinado. Orestes se dirige a Pílades, que permanece mudo durante toda la obra. Ha llegado el momento decisivo de su vida. El lamento de su hermana se lo recuerda. Pero ahora, ante la puerta de los leones, las dudas le asaltan y se resiste a cumplir un destino que otros le han asignado.

          ... Es curioso,
          una vida entera me prepararon y me preparé para esto. Y ahora,
          delante de esta puerta, me siento del todo impreparado; -
          los dos leones de mármol -¿los viste?- amansados,
          ellos, que cuando éramos niños empezaron feroces,
          casi salvajes, con la melena erizada para un intrépido salto,
          ahora sosegados, resignados ya en las dos esquinas altas de la puerta principal
          con el pelaje muerto, los ojos vacíos, -no asustan a nadie,- con expresión
          de perros castigados, no necesariamente compungidos,
          fieles, perros ciegos, sin rencor, 
          que con su lengua lamen de vez en cuando la tibia planta de la noche.

          ... Παράξενο,
          μιὰ ὀλόκληρη ζωὴ μὲ ἐτοίμαζαν κ᾿ ἐτοιμαζόμουνα γι᾿ αὐτό. Καὶ τώρα,
          μπροστὰ στὴν πύλη αὐτή, νιώθω ὁλότελα ἀνέτοιμος· -
          τὰ δυὸ μαρμάρινα λιοντάρια -τἆδες;- τιθασεύτηκαν,
          αὐτά, ποὺ ξεκινῆσαν ἀπ᾿ τὰ παιδικά μας χρόνια τόσο ἀνένδοτα,
          ἄγρια σχεδόν, μέ τη χαίτη ὀρθωμένη γιὰ ἕνα παράτολμο πήδημα,
          κατακάθησαν πιὰ συμβιβασμένα στὶς δυὸ ἐπάνω γωνιὲς τῆς ἐξώθυρας
          μὲ τρίχωμα νεκρό, μὲ μάτια ἀπόντα, -δὲν τρομάζουν κανένα,- μὲ μιὰν ἔκφραση
          σκυλιῶν τιμωρημένων, κι οὔτε μάλιστα θλιμμένων,
          πιστῶν, τυφλῶν σκυλιῶν, χωρὶς μνησικακία,
          γλείφοντας πότε-πότε μέ τη γλώσσα τους το χλιαρὸ πέλμα τῆς νύχτας.


Dos fuerzas antagónicas dividen el ánimo de Orestes quien, suplantando a Edipo como arquetipo psicoanalítico, confiesa su admiración por su madre, eternamente joven.

          ... ¿La viste
          por la tarde en el jardín? -¡qué hermosa es todavía!- no ha envejecido,
          quizá porque custodia el tiempo y apura
          cada instante, -quiero decir se renueva
          sabiendo la juventud que pierde;- quizá por eso la recupera.

          ... Τὴν εἶδες
          τὸ ἀπόγευμα στὸν κῆπο; -τί ὄμορφη ποὖναι ἀκόμη- δὲ γέρασε διόλου,
          ἴσως γιατὶ ἐποπτεύει τὸ χρόνο καὶ τὸν πράττει
          κάθε στιγμή, -θέλω νὰ πῶ ἀνανεώνεται
          γνωρίζοντας τὴ νεότητα πού χάνει·- ἴσως γι᾿αὐτὸ τὴν παίρνει πίσω.

Su hermana, en cambio, atormentada por el pasado, obsesionada por la venganza, despierta en él más desprecio que compasión.

          Quizá eso haya sido lo que jamás le perdonó mi hermana -su juventud eterna-
          esa niña avejentada, sensata por contraste, entregada a la negación
          de la belleza y el gozo; -ascética, odiosa en su cordura,
          sola y distante.

          Ἴσως αὐτὸ δὲν τῆς συγχώρεσε ποτὲ ἡ ἀδελφή μου -τὴν αἰώνια της νεότητα-
          αὐτὴ ἡ γριὰ παιδίσκη, συνετὴ ἀπὸ ἀντίθεση, δοσμένη στὴν ἄρνηση
          τῆς ὀμορφιᾶς καὶ τῆς χαρᾶς· -ἀσκητική, ἀποκρουστικὴ στὴ σωφροσύνη της,
          μόνη κι ἀσύνδετη.

A lo largo de la noche la mente de Orestes se debatirá entre esas dos corrientes opuestas: la que le anima a volver atrás, huir y alejarse de Micenas, y la que lo empuja a llevar a cabo una terrible venganza, para la que parece predestinado. Y como contrapunto a las tensiones del interior de su alma y al obsesivo llanto de su hermana, la placidez de la noche de verano y la belleza de la naturaleza.

Grupo de San Ildefonso. Museo del Prado. Posible representación de Orestes y Pílades.

Ritsos despliega en este largo parlamento sus dotes poéticas, desarrollando poderosas imágenes, como la de la vaca apaleada y herida en un campo del Ática, símbolo premonitorio de la muerte de Clitemnestra. Otras veces se suceden imágenes más breves, enlazadas unas con otras, como el cordón en la cintura de Electra, que recuerda a una vena exangüe alrededor de su vientre, o al cordón de una cortina desvencijada, que deja entrever un paisaje de una hosquedad eternamente arisca con rocas cortadas y árboles gigantescos, en el que una solitaria y lejana oveja extraviada aporta un grano de ternura.
La mirada poética se detiene en detalles mínimos, revelando su extraordinaria capacidad de percepción y el poder evocador de las pequeñas cosas: el vello en la nuca de las mozas, el breve chasquido y la llama de la cerilla, un pendiente que tintinea, las lagartijas a los pies de las estatuas, las sombras de los insectos sobre el muro o una piedrecita en la sandalia.
Finalmente el cielo empieza a clarear, no hay ya lugar para vacilaciones, es momento de que Orestes se enfrente a su  destino.

          Mira, está amaneciendo. El primer gallo canta ya en la verja.
          Despertó el hortelano; algún arbolito prenderá en el huerto. Ruidos familiares
          de los utensilios de trabajo -serruchos, zapapicos-
          y la fuente del patio; alguien se asea; la tierra huele;
          borbotea el agua en los cazos; plácidas columnas de humo sobre los tejados;
          un aroma cálido a salvia. Sobrevivimos pues aun a esta noche.

          Κοίτα ποὺ ξημερώνει. Νά, κι ὁ πρώτος πετεινὸς λαλεῖ στὸ φράχτη.
          Ξύπνησε ὁ κηπουρός· κάποιο δεντράκι θὰ στεριώνει στὸν κῆπο. Οἰκεῖος θόρυβος
          ἀπ᾿ τὰ ἐργαλεῖα τῆς δουλειᾶς -πριόνια, ἀξίνες-
          καὶ τὸ βρυσάκι τῆς αὐλῆς· κάποιος πλένεται· μυρίζει τὸ χῶμα·
          κοχλάζει τὸ νερὸ στὰ μπρίκια· οἱ πρᾶες κολῶνες τοῦ καπνοῦ πάνω ἀπ᾿τὶς στέγες·
          μιὰ ζεστὴ μυρωδιὰ ἀπὸ φασκόμηλο. Ἐπιβιώσαμε λοιπόν κι αὐτῆς τῆς νύχτας.

Yannis Ritsos

domingo, 17 de diciembre de 2017

Zigzag entre naranjos amargos

La desaparecida editorial 451 Editores contaba en su catálogo con un par de títulos de literatura griega: La señora Kula, de Menis Kumandareas, y la novela de Ersi Sotiropulu (Patras, 1953) que traemos hoy a ΔΙΔΑΣΚΑΛΟΣ.


Zigzag entre naranjos amargos (Ζιγκ ζαγκ στις νεραντζιές) se publicó en Grecia en 1999 y obtuvo inmediato reconocimiento al recibir ese año el Premio Nacional de Literatura y el Premio Nacional de la Crítica, concedido por la prestigiosa revista Διαβάζω. En la novela de Sotiropulu cinco personajes vulnerables, insatisfechos e inadaptados zigzaguean por la vida mientras sus historias se entrecruzan. Lía está ingresada en un hospital, aquejada de una extraña enfermedad. Su hermano Sid, diminutivo de Isídoros, lleva una vida desordenada en compañía de un exótico pájaro que habla. En un bar conoce a July, una joven que estudia para convertirse en ATS. Sotiris es un enfermero solitario que trabaja en Atenas en el mismo hospital donde se encuentra Lía. Acude de vez en cuando a visitar a sus padres, que son de un pueblo de la costa. Allí vive también Nina, una niña de doce años en tránsito hacia la adolescencia con una imaginación desbordante. Todos ellos intentan sobrellevar lo absurdo de su existencia y superar su soledad buscando una vía de escape, que bien puede ser el amor, la muerte o la literatura.
La versión de la obra al español es el fruto del trabajo colaborativo de once traductores que participaron en el año 2006 en un seminario sobre la obra de Sotiropulu. A pesar de haber intervenido tantas manos el resultado no se resiente, gracias a la coordinación de Julia Osuna Aguilar y Francisco González López.

Ersi Sotiropulu
El libro apareció en español en 2008 y, aunque ya no se reedita porque la editorial ha cerrado, todavía es posible adquirirlo en librerías de segunda mano o de ocasión. Yo lo encontré en Urueña, un pueblo de la provincia de Valladolid que destaca por su hermoso centro histórico y por las librerías que salpican su recinto amurallado.
Como tantos autores griegos Ersi Sotiropulu no sólo cultiva la novela, sino también el relato corto y la poesía. Una selección de sus poemas ha sido publicada en español en edición bilingüe por la editorial Luces de Gálibo, con traducción de Vicente Fernández González. Sus audaces imágenes no siempre son fáciles de comprender, por lo que los poemas resultan a veces un tanto desconcertantes.


Cerramos esta entrada con el titulado Calles estrechas calles rectas etc. y con uno de los poemas visuales incluidos en el libro.

     Cuando me hurgo la nariz
     el oscuro trazado
     me colma de éxtasis y secreta alegría.
     Dondequiera que entren los dedos
     encuentran su camino
     y vuelven cargados.
     Nunca se pierden.

     Pienso en Patras
     un clavo en el mar
     en mi madre y mi padre
     y en Einstein.

     Por la noche suelo dormir tarde.


     Όταν καθαρίζω τη μύτη μου
     η σκοτεινή ρυμοτομία
     με γεμίζει έκσταση και κρυφή χαρά.
     Όπου και να χωθούν τα δάχτυλα
     βρίσκουν το δρόμο τους
     και γυρίζουν φορτωμένα.
     Ποτέ δεν χάνονται.

     Σκέφτομαι την Πάτρα
     στο καρφί της θάλασσας
     τους γονείς μου
     και τον Αϊνστάιν.

     Το βράδυ κοιμάμαι συνήθως αργά.